Pasando el descanso estival en la soleada Malibú, en California, fue cuando el guitarrista Don Felder comenzó a rasgear su guitarra acústica de 12 cuerdas. Sin mayor importancia, estaba más jugando que otra cosa. Pero es ahí donde comienza la magia de una composición, en el juego, cuando fluyen las ideas de manera suelta. Lo que tocó Felder comenzó a tomar cierta forma como una progresión y le gustó cómo sonaba. Lo repitió una y otra vez hasta a…
Pasando el descanso estival en la soleada Malibú, en California, fue cuando el guitarrista Don Felder comenzó a rasgear su guitarra acústica de 12 cuerdas. Sin mayor importancia, estaba más jugando que otra cosa. Pero es ahí donde comienza la magia de una composición, en el juego, cuando fluyen las ideas de manera suelta. Lo que tocó Felder comenzó a tomar cierta forma como una progresión y le gustó cómo sonaba. Lo repitió una y otra vez hasta a…