Cada guerra necesita su urdimbre de justificaciones, un cáñamo de agravios anudados. Todos los bandos reclaman justicia, y es cierto que la historia reciente o remota suministra un amplio surtido de atropellos y agresiones aún en carne viva. Pero, en una paradoja radical, los conflictos bélicos se construyen como castigo colectivo, una condena esencialmente injusta, simiente de nuevos rencores. La violencia arrasará a gentes que no tienen culpa …